DOCUMENTOS ESCRITOS SOBRE EL FRENTE DE BATALLA
1-Sin novedad en el frente (Im Westen nichts Neues en el original alemán) es una novela de Erich Maria Remarque que muestra los horrores de la guerra desde el punto de vista de un joven soldado. La obra suele categorizarse como de literatura antibelicista, aunque el mismo Remarque la calificó de apolítica. El libro se publicó por primera vez en Alemania en noviembre y diciembre de 1928 por el periódico Vossische Zeitung y como novela en enero de 1929. En este mismo año se tradujo ya a veintiséis idiomas. Hasta hoy han aparecido ediciones en más de cincuenta idiomas, y las ventas estimadas superan en todo el mundo los veinte millones. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Sin_novedad_en_el_frente_(novela)
Fragmento 1: Las ratas se ha multiplicado en el último tiempo, sobre todo desde que casi no limpiamos las trincheras (…); las ratas son aquí particularmente repugnantes a causa de su medida. (…) Parecen muy hambrientas. Se comen el pan de casi todo el mundo. Kropp tiene su trozo envuelto y escondido bajo su cabeza, pero no puede dormir porque las ratas pasan sobre la cara para ir a buscar el pan (…) Los primeros momentos, con la careta antigás, son decisivos para saber si vivirás o morirás; la cuestión consiste en comprobar si es impermeable y no está rota” (…)Nos despertamos a la mitad de la noche. La tierra explotaba. Un fuego denso caía sobre nosotros. Nos agazapamos en las esquinas. Reconocimos proyectiles de todo calibre. Cada hombre está junto a sus pertenencias. Y las mira cada minuto para asegurarse que están allí todavía. El refugio siente nauseas, la noche ruge y relampaguea. Nos miramos unos a otros en los momentáneos resplandores de luz, y con rostros pálidos y labios apretados sacudíamos la cabeza. Cada hombre es conciente de los pesados proyectiles de mortero que echan abajo el parapeto, desterrando el terraplén y demoliendo las capas superiores de concreto…ya en la mañana unos cuantos reclutas están verdes y vomitan. Son tan inexpertos! Nuestra trinchera casi ha desparecido. En muchos lugares solo tiene 45 centímetros de alto, está llena de hoyos y cráteres. Un proyectil cae exactamente frente a nuestro puesto. De inmediato se oscurece. Estamos enterrados. Debemos cavar para salir. Las alambradas están despedazadas… vemos venir las tropas de asalto. Nuestra artillería abre fuego. Las ametralladoras matraquean, los rifles truenan. La carga se abre camino. Haie y Corp comienzan con las granadas de mano. Las arrojan tan rápido como pueden, otros le siguen… el enemigo mientras corre no puede hacer mucho. Reconocemos las caras distorsionadas, los cascos blandos: son franceses. Toda una línea ha caído frente a nuestras ametralladoras. Veo a uno de ellos, su cara está vuelta hacia arriba, cae en un soporte de alambrada. Su cuerpo se colapsa, las manos siguen alzadas como si estuviese orando. Después su cuerpo cae rotundamente y solo las manos con los muñones de sus brazos, arrancados, cuelgan ahora en la alambrada.
Fragmento 2: "Otoño. De los veteranos quedan muy pocos. Yo soy aquí el superviviente
de los siete de nuestro colegio. Hablan todos de paz y de armisticio.
Todos esperan. Si viene otro desengaño ya no resistirán. La ilusión es
demasiado fuerte; no puede ya eludirse sin que se produzca la explosión.
Si no llega la paz, llegará la revolución. [...] No ha de comprendernos
nadie, porque ante nosotros hay una generación que ciertamente pasó
aquí estos años con nosotros, pero que antes tenía un hogar, profesión; y
a ellos vuelve, recobra sus antiguas posiciones donde olvidará la
guerra... Y detrás de nosotros crece otra generación similar a la
nuestra, que nos resultará extraña, que nos mirará de soslayo..."
Fragmento 3: "El frente es una jaula en la que hay que esperar,
nerviosos, los acontecimientos. Estamos como detrás de un enrejado de
granadas que van cayendo; vivimos en plena incertidumbre. Sobre nuestras
cabezas planea la casualidad. El mismo azar que me trae una bala, me
hace quedar con vida [...] Vivimos sin la esperanza
de que pueda esto acabar algún día. Vemos correr a soldados que llevan
mutilados ambos pies y siguen andando a tropezones. Vemos hombres sin
boca, sin mandíbula, sin cara. Se alza el sol, viene la noche, silban
las granadas, ha terminado la vida. Pero este poco de tierra removida en
que permanecemos se ha sostenido contra unas fuerzas muy superiores.
Solo se han cedido unos pocos centenares de metros. Pero por cada metro
hay un cadáver."
2- El novelista francés Jean Gaultier-Boissiere, que luchó en la guerra relata en su novela "La fleur au fusil" (París, 1928)
"Sordo, mudo, saturado de pólvora y de ruido, camino
automáticamente [...]. Veo a los hombres como caen a mi lado [...]. Las
balas llegan por ráfagas, muy bajas, y levantan la tierra a mi
alrededor. «Nos están disparando con ametralladoras», dice mi compañero.
[...] Estamos a menos de 40 metros de sus trincheras y el enemigo aún
es invisible"
3- Artículo publicado en Le Filon, una publicación creada el 1 de marzo de 1917 por los propios soldados franceses en el frente de batalla, impreso y distribuido por ellos. Era un espacio de resistencia cultural para los soldados franceses de la 34.ª División de Infantería.
La muerte nos envolvió,
impregnó la ropa y las mantas y mató todo aquello que respiraba en
nuestro entorno. Los pajarillos cayeron en las trincheras, y los gatos y
los perros, compañeros nuestros de fatigas, se tendieron en el suelo a
nuestros pies y nunca más despertaron. Habíamos visto de todo: minas,
obuses, bombas lacrimógenas, la devastación de los bosques, los negros
fragmentos de las minas que caían por todas partes, las más espantosas
heridas y las avalanchas de hierro más asesinas, pero nada se podía
comparar con esta niebla que, durante horas largas como siglos, ocultó a
nuestros ojos el resplandor del sol, la luz del día, la blanca pureza
de la nieve.


4-Fragmento de un artículo de la revista francesa L’Illustration, 24 de abril de 1915
Dentro de todo este barro, los combatientes tienen el aspecto más extraordinario. La suciedad ha revestido a los soldados de un uniforme en el cual la invisibilidad desafía todo reconocimiento. Van vestidos de tierra, maquillados de tierra. Los pantalones, la capa, la cara, las armas están llenas de barro. [...] Sólo la culata de los fusiles está cubierta con un trapo para protegerla. No podemos distinguir si los cadáveres que encontramos por el camino son franceses o alemanes.
5- Relato del oficial francés Jacques Meyer en su libro "La Vie quotidienne des soldados pendant la Grande Guerre" (París, 1966)
"Un
segundo antes de abrirse el fuego, todo era en nuestra trinchera vida
ardiente y combativa. Unos segundos después, la muerte había hecho su
obra. Las balas entran en la trinchera y siguiéndola a todo lo largo
impiden salir a sus ocupantes. Veo muy bien todavía
a un oficial, de pie sobre el parapeto, con los brazos abiertos, como
erigiendo una cruz en pleno cielo. Cae en esa misma posición, la cara
contra el suelo. Así lo encontré dos días más tarde cuando tuve la
ocasión de visitar esta trinchera. Estaba entonces llena de cadáveres
enemigos que nadaban en su propia sangre. Conté setenta. Nada les había
sido evitado. Los primeros acribillados por las balas, los últimos,
menos mutilados, pero sus rostros representaban toda la tortura de la
muerte en el rictus de la agonía. Y durante ese tiempo, la artillería
continúa su obra."
6- Fragmentos del diario de un oficial alemán, sobre los soldados, junio 1915, citado en el libro de Raymond Cartier (historiador francés) "La Première Guerre mondiale" (París, publicación póstuma 1982)
Suplico una vez más, de la manera más apremiante, que
vengan a relevarme, puesto que ya sólo queda un tercio de los
combatientes. [...] Resulta muy difícil mantener a los hombres en sus
puestos amenazándoles con un consejo de guerra. Cada vez que cae una
bomba, los hombres huyen y hay que empujarles hacia delante. Ni tan
siquiera el ejemplo que dan los comandantes de las compañías produce el
menor efecto. Tal situación es la consecuencia de los esfuerzos
excesivos que se les han exigido del 2 al 13 de mayo, y del agotamiento
físico y moral, interrumpido solo por escasas jornadas de descanso.
DOCUMENTOS ESCRITOS SOBRE LOS CAMBIOS EN LA VIDA DE LAS MUJERES
7- Llamamiento a la "Unión Sagrada" del primer ministro René Viviani en 1914:
La incorporación al ejército de todos los que pueden
llevar armas ha interrumpido las labores en los campos. La cosecha
inacabada, el tiempo de la vendimia se acerca. En
nombre del gobierno de la República, en nombre de la Nación entera
agrupada tras éste, apelo a vuestra valentía, a la de los niños a los
que sólo la edad, y no su valor, les ha apartado del combate. Os pido
que mantengáis la actividad en los campos, que terminéis las cosechas de
este año y preparéis las del año que viene. [...]
¡En
pie, pues, mujeres francesas, niños, hijas e hijos de la Patria!
Sustituid en el campo de trabajo a los que se encuentran en los campos
de batalla.
Mañana habrá Gloria para todo el mundo.
¡Viva la República! ¡Viva Francia!
8- Testimonio de la joven Naomi Loughnan, en el libro Women's War Work: Articles by Representative Women Workers in the Benevolent and Industrial Departments of the British Army, editado en Londres en 1917 (Fisher Unwin, Ltd)
“Para nada pensamos, cuando por primera vez nos pusimos nuestros overoles y nuestras gorras y nos alistamos en el Ejército de municiones, que nuestra vida iba a ser mucho más mortificante de lo que nos atrevimos a imaginar. Aunque como obreras de municiones sacrificamos nuestra comodidad, ganamos una vida digna de vivirse. Nuestras largas jornadas están repletas de interés, y con el deleite de estar trabajando para nuestro país, por la gran causa de la libertad. Mientras manipulamos las armas de guerra, estamos aprendiendo grandes lecciones de la vida. En los bulliciosos y ruidosos talleres nos enfrentamos, cara a cara, con todo tipo de clases y cada una de éstas tiene que aprender algo de las otras clases (…) La mezcla de las clases en el interior de la fábrica ha tenido un efecto educativo lento, pero seguro entre los “varones”. El lenguaje se ha suavizado de una manera casi inconciente. Existen recalcitrantes excepciones que hacen que se erice el cabello bajo nuestras gorras ajustadas (…) Duele oír que las muchachas también blasfeman y utilizan un lenguaje obsceno.”
9- Artículo aparecido en el periódico «ABC» de Madrid el 3 febrero de 1918 "El movimiento feminista se propaga victoriosamente y aún lo hará más una vez acabada la guerra. Como las mujeres sustituyen a los hombres en muchos servicios urbanos, han llegado a adquirir pretensiones muy justificadas, según dicen ellas. En Rusia, Finlandia, Hungría e Inglaterra se está a punto de conceder el derecho de sufragio a las mujeres. Por otro lado, una mujer ha intervenido en las negociaciones de Brest-Litovsk, hecho sin precedentes en la historia. En Japón [...] se obliga a las niñas a asistir a la escuela hasta los catorce años y [...] se han creado escuelas superiores de muchachas en diversas poblaciones"
DOCUMENTOS ESCRITOS SOBRE LA VIDA EN LA RETAGUARDIA
10- Recuerdos de un niño berlinés
"Mi
madre hablaba de bloqueo salvaje. Las cartillas de racionamiento
aparecieron y los productos de primera necesidad fueron rápidamente
controlados; pero eso no impidió que las raciones empezaran a menguar
[...]. El hambre nos hacía maldecir a Inglaterra; la mortalidad infantil
se incrementó, mi hermana y yo mismo vimos enterrar a muchos de
nuestros compañeros de escuela [...]. Esto explica en parte la violencia
de las huelgas de 1917"
11- Fragmento de la novela histórica del escritor Maxence Van der Meersch titulada "Invasion 14" (París, 1935) que relata la ocupación alemana en el norte de Francia durante la Primera Guerra Mundial
Los viejos morían, la tuberculosis azotaba a los niños y
a los jóvenes. En el cementerio se veían, con estupor, innumerables
tumbas de muchachos jóvenes [...]. Reinaba el
hambre, un hambre desesperada, resignada, sin rabia, ni furor, ni
revuelta [...]. No había nada para poder comer y si había algo era
demasiado caro para poderlo comprar. Los alemanes tenían algunas
cantinas con comida. En la puerta, colas de gente miserable esperaban la
distribución de los restos.
12- Fragmento de reportajes publicados en la prensa francesa (como el diario Le Figaro o Le Matin) entre el 1 y el 3 de agosto de 1914, tras el decreto de movilización general (citado en J. A. Bustinza y G. Ribas (Buenos Aires, 1973) Historia de las Instituciones Políticas y Sociales - La Edad Contemporánea)
"Lentamente, sin más aviso, el tren se pone en marcha.
De pronto, en decisión espontánea, resuena un inmenso clamor. La
Marsellesa estalla, cantada por mil voces. Los hombres se asoman a las
portezuelas agitando sus quepis. Desde las vías, desde los andenes, las
gentes responden. El momento es impresionante. El
corazón de este gran pueblo vuelve a latir libremente y con toda el
ansia, igual que lo ha hecho en otras oportunidades. [...] Aquello
era el delirio. Las canciones patrióticas se sucedían sin interrupción.
[...] Como por encanto, el tren apareció empavesado de flores y
banderas, sin que fuera posible adivinar la procedencia: hubiera podido
imaginárselas caídas del cielo. En las estaciones,
en las barreras, en las ventanas de las casas, la muchedumbre se
agolpaba. Los gritos de ¡viva Francia!, ¡viva el ejército!, resonaban
con fuerza, vibrantes. Los pañuelos y los sombreros se agitaban. Las
mujeres enviaban besos y flores al convoy. Las muchachas gritaban
¡Adiós, hasta pronto!. En un paso a nivel, una joven, mostrándonos a su hijo a quien sostenía en brazos, nos gritó: ¡Este también irá igual que ustedes y sabrá cumplir con su deber!"
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